Era tan feo, tan feo que se ganaba la vida asustando niños.
 
  Era una iglesia tan pequeña, tan pequeña que el cura en vez de decir "podéis sentaros" decía: "¡cuerpo a tierra!"
 
  Era tan alto, tan alto que por las noches se ponía una luz roja para que los aviones no chocaran con él.
 
  Era un niño tan flaco, tan flaco que, aunque iba al colegio, sus profesores le ponían falta.
 
    Era tan bajito, tan bajito que la cabeza le olía a pies.