Era tan bruto, tan bruto que no usaba peine sino serrucho.
 
  Era tan gorda, tan gorda que cuando nadaba con bañador blanco y negro, los de Greenpeace tenían que protegerla de los balleneros.
 
  Era una niña tan gorda, tan gorda que en clase se sentaba al lado de todos.
 
  Era un bebé tan feo, tan feo que en vez de darle biberón le daban la espalda.
 
    Era tan débil, tan débil que si parpadeaba se caía para atrás.