Era tan bajo, tan bajo que no tenía sien sino sincuenta.
 
  Era tan gorda, tan gorda que era mejor saltarla por encima que rodearla.
 
  Era un chiste tan malo, tan malo que pegaba a los chistes más pequeños.
 
  Era tan feo, tan feo que cuando exprimía un limón el que hacía muecas era el limón.
 
    Era tan gafe, tan gafe que lo atropelló un coche aparcado.