Era una chica tan mona, tan mona que sólo comía cacahuetes.
 
  Era tan tonto, tan tonto que no usaba clips porque no traían manual de instrucciones.
 
  Era un príncipe tan feo, tan feo que Cenicienta se fue del baile a las once y media.
 
  Era tan bajito, tan bajito que para bajar de la acera saltaba en paracaídas.
 
    Era tan miope, tan miope que tropezaba con su propia sombra.