Era uno tan tontín, tan tontín... que le llamaban campana.
 
  Tenía el pelo tan largo, tan largo que cuando estornudaba se daba latigazos.
 
  Era tan tonto, tan tonto que vendió la televisión para comprarse un vídeo.
 
  Era tan simple, tan simple que ponía azúcar en la almohada para tener dulces sueños.
 
    Era tan calvo, tan calvo que no tenía ni un pelo de tonto.