Era tan pequeñita, tan pequeñita que no le cabía la menor duda.
 
  Era una vaca tan flaca, tan flaca que en vez de dar leche daba lástima.
 
  Era tan gafe, tan gafe que se sentó en un pajar y se pinchó con la aguja.
 
  Era tan gordo, tan gordo que cuando se caía de la cama se caía por los dos lados.
 
    Era tan alto, tan alto que tropezó el jueves y se cayó el domingo.