Era tan alto, tan alto que cuando miraba abajo le daba vértigo.
 
  Era un verano tan caluroso, tan caluroso que las gallinas ponían los huevos fritos.
 
  Era tan flaca, tan flaca que tenía que pasar diez veces para que se le viera.
 
  Era tan gordo, tan gordo que necesitaba un boomerang para ponerse el cinturón.
 
    Era un niño tan pelota, tan pelota que se iba botando al colegio.