Era tan vago, tan vago que de no moverse echó raíces.
 
  Era tan gordo, tan gordo que si viajaba en avión le hacían descuento de grupo.
 
  Era tan galán, tan galán que en las fiestas le colgaban las chaquetas.
 
  Era tan alto, tan alto que cuando se agachaba a abrocharse los zapatos hacía noche en el ombligo.
 
    Era un verano tan seco, tan seco que las vacas daban leche en polvo.